El largometraje Yo Soy Otro se estrena en Colombia esta cinta sobre el conflicto colombiano
El estallido de una bomba cerca de su casa hizo que se sintiera más que roto. Su cama se levantó un metro. Primero creyó que se había reventado por dentro. Pero después empezaron a ocurrirle cosas extrañas, bastante esotéricas. Óscar Campo, reconocido documentalista y respetado profesor de cine, se veía en el espejo y no se reconocía. Hacía un gesto y veía otro. Luego le salieron unas manchas en la piel. Para él, su tragedia era producto de aquel insoportable estallido de comienzos de los 90 en Cali.
Y a pesar de que las manchas desaparecieron y su yo, lentamente, empezó a reconciliarse con su imagen en el espejo, Campo se sentía "astillado".
Consideró que los documentales no eran suficientes para sacarse esa espina, estaba demasiado honda. Así que tuvo que recurrir a la ficción, al cine fantástico, para hablar de José González, un ingeniero de sistemas que se pudre por dentro y ve a otros hombres iguales a él por todos lados. Esos otros que llevan su misma cara desempeñan roles diferentes: son paramilitares, guerrilleros, habitantes de la calle. Y algunos quieren matarlo.
"La temática de los dobles se utiliza para hablar de esas cosas del espíritu o del inconsciente humano que son terribles, innombrables -dice Campo-. Cuando uno se enfrenta a hablar de la realidad colombiana se da cuenta de que es siniestra, que hay muchos elementos de lo terrible, como los cuerpos destrozados".
'Quedaron partidos'
Ese primer guión, el de Yo soy otro, como se llama su primera aventura de largometraje de ficción, fue retomado por Campo después de otro estallido. Uno infinitamente más grande: el del 11 de septiembre. "Cuando estallaron las torres la gente quedó partida", agrega.
Ya no podía posponer más esa historia de dobles, pero estaba preocupado por materializarla. ¿Cómo ubicar en escena, y al mismo tiempo, a dos dobles? Vio filmes de David Cronenberg, entre ellos 'Dead Ringers', y se dio cuenta de que "hacer dobles era algo muy sencillo", que no se necesitaban efectos especiales.
Campo siempre está estudiando a otros. Quería hacer una película laberíntica, agobiante (con una fuerte influencia del videoclip), algo que tradujera bien la metamorfosis de José González. Además de Cronenberg vio a David Lynch, Orson Welles, los hermanos Coen, Jean-Luc Godard.
"Era un rodaje muy cinéfilo. En las reuniones de preproducción nos mostraba planos de varias películas. Los veían desde el director de arte hasta los que pintaban las paredes", dice Óscar Ruiz Navia, 'Papeto', ex alumno de Campo en la Universidad del Valle y asistente de fotografía de la película.
A pesar de los referentes de cine internacional, Campo cuenta una historia que transcurre en el ahora de Colombia, que le sale del hígado, pero también de su cabeza cultivada y crítica.
'Un espíritu malvado'
"La película refleja la esquizofrenia del país y las múltiples personalidades de esta cultura. Cómo somos gente normal que de acuerdo con nuestro destino acabamos haciendo cosas buenas y malas", comenta el cineasta Felipe Aljure, que le hizo a Campo asistencia de dirección de dos mediometrajes, en los 80.
'Yo soy otro' pone en juego preocupaciones que Campo ya había plasmado en sus documentales. "Está obsesionado con la maldad, con el hecho de que en el ser humano se anida un espíritu malvado, que por más de que lo trate de ocultar siempre esta ahí", afirma uno de sus pupilos más sobresalientes, Carlos Moreno, director de 'Perro come perro' y coeditor de 'Yo soy otro'.
Campo quizá no sospechaba que iba a hacer alguna vez un largometraje de ficción. Es más, lo estresa trabajar con grupos grandes, en jornadas largas y con altos presupuestos. "Siempre me he considerado un profesor que hace películas", dice.
Y si ha sido un realizador exitoso en el género documental, con obras como Un ángel subterráneo, El proyecto del diablo o Escritura de luces y sombras, Campo lo es también como profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad del Valle.
"Todo el mundo quiere entrar a sus clases. Son increíbles. En la primera de guión que tomé, nos dijo: 'Si quieren escribir un guión tienen que dejar de ser monjas y curas'. Si ve que te gusta y que querés aprender, te suelta cinco o seis películas de una", recuerda 'Papeto', que con algunos de sus compañeros fue por primera vez a la casa de Campo sobre todo para comprobar si el mito de que tenía un cuarto forrado con películas era verdad. Y lo era.
Campo es un cinéfilo compulsivo (su colección asciende a las tres mil películas) y fue eso lo que lo conectó con Andrés Caicedo y Luis Ospina. "Un día, Andrés y yo decidimos dar unos cursos de cine -dice Ospina-. Pusimos un aviso en el periódico. Y solo llegaron tres personas. Una de ellas era Óscar Campo. Debía tener 17 años. Como eran tan poquitos no dimos el curso formalmente. Iban a cine con nosotros. Tenían acceso a nuestros libros".
Cuando Campo entró a estudiar comunicación a Univalle volvió a encontrarse con Ospina, pero ya como profesor de facultad. "Les dije a los alumnos que estaban estudiando la carrera del futuro porque en el presente no había nada para ellos -agrega el director de -Un tigre de papel-. Muchos años después están haciendo cine".
Campo nunca se fue de la Valle. Lleva 15 años enseñando. Y su labor ha sido esencial para el renacer de Cali en la cinematografía nacional. Desde ahí quiere explotar y propiciar nuevos lenguajes, temáticas y estéticas para el cine.
Por eso llevó a 32 estudiantes a trabajar en el rodaje de Yo soy otro. Le ayudaron a crear una película rriesgada, hecha con una cámara casera (miniDV), que transcurre mayormente en espacios cerrados y cuya atmósfera es tan inquietante como la historia que escogió Campo. Y a bajar bandera en la ficción, un género en el que el realizador también tiene mucho qué decir.
Los que ya la vieron
FELIPE ALJURE
Cineasta
"Supongo que como es una película que mira al país desde
una óptica y una estética distintas, probablemente se adelantó
a sus días.'Yo soy otro' corona ese saber cinematográfico
que ha tenido Cali".
FERNANDO GÓMEZ GARZÓN
Crítico de cine
"No es una película convencional. Todavía no tengo un argumento sólido para decir si es buena o mala, pero uno sí sale inquieto.
Es difícil para el gran público".
ÓMAR RINCÓN
Crítico de TV
"Me gustó porque lo provoca a uno a pensar sobre Colombia".
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