En conmemoración de los 200 años de la muerte de Mutis mincultura lanza la ruta del sabio

Guaduas, Honda, Mariquita y Ambalema promueven los lugares en los que el científico español desarrolló la Expedición Botánica.

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Foto: David Osorio / EL TIEMPO

En Guaduas, todavía existen caminos reales usados en la época de la Colonia. Ahora sirven para recreación de caminantes.

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Cuentan en Guaduas (Cundinamarca) que la culpa de que Manuelita Sáenz no hubiera podido quitarse la vida con una serpiente, cuando recibió la noticia de que su amado Simón Bolívar había muerto, la tuvieron -a la larga- el ya entonces difunto sabio José Celestino Mutis y su Expedición Botánica.

Dice la tradición que mientras habitaba una casa del marco del parque, Manuelita se hizo morder por una culebra. Alexánder von Humboldt, que estaba por allí, le prestó los primeros auxilios y la mantuvo viva lo suficiente como para que el principal dibujante de la Expedición y natural de ese municipio, Francisco Javier Matís, mandara por guaco. Ese bejuco era un antídoto contra el veneno de ciertas culebras, que había sido descubierto en la expedición dirigida por Mutis, de cuya muerte se conmemoran 200 años el 11 de este mes.

Historias como esas llenan la Ruta Mutis, que abre oficialmente esta semana por los municipios que el gaditano recorrió a lomo de mula, en busca de plantas con sus herbolarios (los que se subían a recogerlas) y sus dibujantes.

El recorrido de 412 kilómetros desde Bogotá es por una carretera en muy buen estado que sirve para devolverse hasta los días en que el sabio logró, entre otras cosas, una de sus grandes ambiciones: encontrar, en Mariquita, la quina, indispensable para curar las mortales fiebres tropicales.

De lo que a él le tocó allí como selva, apenas queda un bosque que lucha por sobrevivir a asentamientos humanos, y del que dependen las aguas y buena parte del clima del lugar. Quienes van a Mariquita todavía se pueden sumergir en un microclima fresco y apreciar una cantidad inconmensurable de especies.

Todo bajo la guía experta de José Orlando Velásquez, que más parece una enciclopedia ambulante. No solo conoce todos los senderos, sino que es capaz de nombrar las plantas por su nombre en latín y en 'cristiano', y contar las historias de cuando estaba allí Mutis, que -dice- "era más bien malo para andar en mula".

Cada alcaldía está en proceso de establecer guías con jóvenes entrenados o con personajes veteranos de la región, que han recabado los datos históricos de las casas, los científicos, virreyes y gobernantes que viajaban por esos caminos reales. Con ello el paisaje natural y el de casonas y ruinas cobran sentido.

Si bien es cierto que algunas casas de la época están en estado presentable y se pueden disfrutar casi como fueron hace 250 años, otras muestran los estragos del olvido y las afugias económicas.

Pero aún estas son pertinentes cuando, por ejemplo en Ambalema, el guía cuenta la historia del tabaco que salía de una casa de grandes arcadas en tiempos gloriosos en que se exportaba listo o en hoja hacia Bremen (Alemania) o Inglaterra. En Ambalema, incluso, caminar sus calles tranquilas coloniales -con casas de aleros grandes que protegen del fuerte sol- y ver las especies de árboles que pululan es un buen programa.

Caminos y calles empedrados

Para disfrutar los sitios, dos o tres días resultarían ideales. Es indispensable caminar con calma, no solo porque el clima supera los 25 grados, en promedio, sino para ver los detalles.

Por ejemplo, el centro histórico de Honda es todo un espectáculo de la Colonia: hay calles empedradas en perfecto estado, vestigios de los lugares más importantes de entonces, como casonas donde Mutis dormía cuando sus correrías expedicionarias pasaban por allí, una farmacia donde preparaban las fórmulas con morteros y hasta guarniciones militares para proteger el puerto sobre el Magdalena.

Por su parte, en Guaduas existen todavía fragmentos de caminos reales de herradura que pueden ser andados con un guía y cerca de ellos se cruzan rutas ecológicas que llevan a sitios como la piedra Capira, desde donde se puede apreciar buena parte del Valle del Magdalena, con una vista que humedece los ojos de emoción.

Todos los lugares cuentan con gastronomía de la región, como el famoso viudo de pescado en Honda o la arepa de arroz en Ambalema. Hay hoteles de distintos precios (desde los que tienen piscina hasta una pequeña habitación) y cada alcaldía asesora a los turistas.

DIEGO GUERRERO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
CON INVITACIÓN DEL MINISTERIO DE CULTURA

Publicado el 07 de Septiembre de 2008
HERRAMIENTAS

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