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La amiga de siempre

Un texto de Farley Velásquez, director del Teatro Hora 25, sobre la siempre viva Fanny Mickey

Texto
Foto: Farley Velásquez

Es la primera vez que me siento a pensar esta ausencia terrible, este vacío, esta soledad de mundo, este acto final, esta cerrada y abierta  de telón, de la pérdida de una amiga entrañable, de esta guerrera que fue Fanny para el mundo mágico de las tablas.

Siento sus manos aferradas a las mías, su respiración, su fuerza y sus lágrimas en las noches en su casa, cuando hablábamos de la proximidad de la muerte, cuando las noches sabían a ron y a tango, cuando tratábamos de vencer el hastío que trae la vida y el escenario. La recuerdo sonriendo ante los vientos bravíos, la recuerdo valiente en aquellos días que la atacaba la depresión por vivir con todo en contra, pues hay miles de obstáculos que ponen los dioses a aquellos que dan la vida por la humanidad.

Me acuerdo que le gustaba Madonna y el rock; la recuerdo entrando siempre después de la media noche a los lugares de donde brota la salsa, los bacanes, los malevos y la gente que ama la rumba y la noche. Recuerdo que detestaba acostarse temprano y la aburrían los días en que no había teatro en sus salas. Recuerdo que en sus  amaneceres se pegaba al teléfono a llamar a sus amigos para cranearse la obra que seguía. ¡Qué tenacidad la de esta mujer para enfrentar la página en blanco!

La recuerdo llorando en un avión por la pérdida de una amiga, sacándole 25 horas al día, la recuerdo bailando sin parar hasta que el azul reproche la mandaba al hotel y se iba mamándole gallo a los taxistas, la recuerdo diciéndole a sus amigas que se sicoanalizaba en Juanchito.

Siempre hablaba como queriendo detener el tiempo; amaba a Colombia como ningún colombiano. ¿Qué les puedo decir? Que el país está más solo, que el teatro huérfano, que el mundo vacío y que suena sin parar un tango que nadie baila, que nadie canta. Ella que tantas mujeres fue...

Recuerdo que la noche se enamoraba de su piel, de sus ojos. Amó la noche profunda, la noche dueña del teatro, de la risa, del amor. La recuerdo adueñándose de los problemas de sus amigos, solucionando cada cosa aunque no tuviera solución.

La recuerdo sirviéndome un trago y cantando juntos, como un par de locos, recitando textos teatrales y felices porque una obra de teatro se le había metido en los ojos y comenzaba a vivir en sus teatros.

Amaba tanto la soledad, como la odiaba a la vez; amaba las orquídeas, las fiestas ruidosas y largas; viajar, el vino, su equipo de trabajo; los desadaptados, la locura, a su hijo Daniel, a su casa cuando estaba sola, las rosas, los tangos, el sexo clandestino, andar tomada de la mano, Buenos Aires, los bares de tango, ver bailar y reír a sus amigos, las papitas fritas y los directores de teatro locos y desatinados; amaba La Bohemia más que a Charles Aznavour. Y amaba a aquellos que apoyaban su Festival y disfrutaban la magnitud de sus locuras, los domingos por la mañana y gastarse un día entero en una sala de cine, pagar las cuentas en las cenas y escoger el menú para su amigos más allegados, atender a todos sus visitantes en su casa y despedirlos trasnochados amando más el teatro; el mar, su casa tranquila frente al mar, su cabello naranja, el ron tres esquinas, las copas llenas de licor, los brindis, los camerinos antes de función, las fotos y, más que nada en el mundo, actuar.

Un día le pregunté a Fanny porqué quería hacer Perfume de Arrabal y Tango, qué quería decirle a sus espectadores, qué quería decir desde el escenario. Ella parpadeó varias veces, miró como a su pasado y me respondió como añorando a un viejo amor: "Este es un acto de amor con mi público".

Su alma habita cualquier café bohemio. La recuerdo escuchando jazz y moviendo su cabellera entre risas y lágrimas. Su alma habita lo profundo de un bandoneón. ¿Quién no quiere pasar una noche hablando con ella de tango, de la lealtad, del teatro, de la bohemia, de los amigos malevos, de los amores perdidos, de la soledad que nos deja la creación?

Fanny dejó una botella de vodka abierta, dejó un pequeño bar en su casa donde se escuchaba tango hasta el amanecer, donde nos regaló noches que nunca fueron suficientes. A todos nos quiso ver eternamente felices, aunque sólo nos reuniéramos para llorar, no lo que se tiene, sino lo que se ha perdido... ah, mujer que nos gritas al oído "todo es posible en la vida, lo único imposible es la guerra, la tristeza, una vida sin pasión, no creer en el amor, tirar la toalla,  no ser leal, no amar este día como si fuera el último. Es imposible gastarse la vida sin hacer lo que uno ama".

Fanny: yo que estoy con el sabor de tu último beso, de tu último aliento, de tus palabras, yo que me levanto a mirar este mundo ahora sin ti, yo que te llevo en mi alma, yo que pienso en tu fuerza y en tus palabras que me alientan a no cerrar el telón, a no tirar la toalla, yo que te veo todas las noches hablándome aún entre lágrimas y canciones, yo que te llevo en lo profundo de mis abrazos, yo que te amaré por la eternidad. Yo que siempre te recitaba las palabras de Rafael Urraza en noches maravillosas, ahora te lo grito para siempre. Fanny: "Cuando tu cuerpo te abandone, vagará tu espíritu entre andamios, camerinos y tinglados, porque viviste a través de los aplausos y fue tu dios el espectáculo".

Este texto fue escrito el 21 de agosto, tras la muerte de Fanny Mickey.

Publicado el martes 26 de agosto de 2008
FARLEY VELÁSQUEZ
Director del Teatro Hora 25
Medellín
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