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Cali en Tango

No sólo de salsa vivimos los caleños. También somos cuna de los campeones mundiales de Tango

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Entre acordes de bandoneón y sonidos de violines, el guapo arrabalero se escapa súbitamente de su silla para abarcar a la mina* por un abrazo. Extasiados por el sonido del Choclo bailan como tejiendo una telaraña con sus pies, como dibujando las montañas con sus pasos; los sonidos se entremezclan con el encuentro de las copas y risas de los desprevenidos que observan la pista de baile de La Matraca.


En una baldosa le hace un amague, seguido de un arrastre y una sacadita, ella tira un gancho y entre los firuletes y arrastradas, se desborda su pasión.


Esta descripción podría trasladarnos perfectamente a los arrabales argentinos donde el tango es más que un baile. Sin embargo, este cuadro se vive todas las noches en el barrio Alameda de Cali, pero también es posible en muchos otros barrios de la ciudad. Al interior de bares, salones y cantinas, bailadores y bailadoras le demuestran al mundo que Cali no es sólo salsa así sea la capital mundial de ese ritmo.


En Cali nos han vendido la salsa como un único ritmo, pero la verdad es que esto corresponde a una estrategia comercial más que a la realidad. Está claro que los caleños somos bailadores por naturaleza, y que seamos los mejores del mundo bailando salsa, no significa que sea lo único que bailemos; ritmos como el pasodoble, el fox, el bolero y el tango, han seducido el alma y las piernas de los caleños, y así lo han demostrado por muchas décadas quienes han asistido a las bailotecas de la ciudad para demostrar su destreza, o a escuelas como Tango Vivo.

No obstante, el pasado del tango en Cali tiene un triste recuerdo, y es posible que ese desafortunado acontecimiento impulsara a los caleños a querer de una manera nostálgica al tango: la ciudad se quedó sin escuchar en vivo a "Carlitos Gardel", el máximo ídolo de tango en América. Pero, sorprendentemente, la fiebre del tango ya se había desatado desde los anuncios de su llegada.


Seguramente ésta profunda frustración sacudió el espíritu tanguero de la ciudad, y tras la trágica muerte del Morocho de Abasto, muchos se refugiaron en las cantinas y en los bailaderos de la época para ahogar penas, o simplemente para evocar, al son de los tangos más arrabaleros y sentidos, momentos del pasado.

 

* Mujer
 

Publicado el Miércoles 4 de Junio de 2008
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