18 de febrero de 2010 - Poesía

Un canto poético a la vida

Reeditan 'Una noche en la Vía Láctea', el único poemario del escritor paisa Carlos Framb.

Escritores como Rulfo, Rimbaud y Salinger se hicieron inmortales, prácticamente, por un solo libro. En un ensayo sobre 'Pedro Páramo', la genial Susan Sontag anotó: "todos le preguntaban a Rulfo por qué no publicaba otro libro, como si la meta de la vida de un escritor fuera seguir escribiendo y publicando. En realidad, la meta de la vida de todo escritor es producir un gran libro - es decir, una obra perdurable-, y es lo que hizo Rulfo".

Guardadas las proporciones, al escritor antioqueño Carlos Framb le ocurrió con su obra poética, reunidas en el libro 'Una noche en la Vía Láctea', que acaba de reeditar Planeta. Allí están los poemas que el autor escribió, entre los 20 y 30 años, y que reunió en dos pequeñas publicaciones: 'Atínoo' (1987) y 'Un día en el paraíso' (1994), animado por su mentor, el poeta Jaime Jaramillo Escobar.

"Creo que cuando terminé esos libros agoté un poco lo que tenía para decir. Pasé varios años sin escribir nada hasta que recientemente escribí una novela. Pero no he escrito más poesía que esa", comenta.

Quizás porque -como él mismo explica- la poesía para él se circunscribe a un contexto mucho más amplio que un género literario. "La entiendo como una forma de ver las cosas, de vivir, de ver el mundo y en ese sentido para mí la poesía está muy cercana a estados de conciencia, a la maravilla, a estados incluso de felicidad".

Sentimientos que lo embargaron cuando descubrió la maravilla de la cultura griega, de su historia, de su mitología y cuando leyó libros como 'Memorias de Adriano', de Yourcenar; 'El origen de las especies', de Darwin, o los relatos del astrónomo Carl Sagan.
La poesía de Framb, como lo comenta Jaramillo Escobar es un "canto". Un canto al amor, a la belleza y a la vida.

A través del grito dolido del emperador Adriano al perder a su joven bitinio Atínoo, Framb dibuja en el libro del mismo nombre todo un periodo de la humanidad, como lo explicó, en el prólogo, el escritor Germán Espinosa: "Los demás poemas se encuentran recorridos también por un sensualismo, evocador de los tiempos grecorromanos, y todos ellos son joyas perfectas en alabanza del vino, del amor, de los goces de la carne y del espíritu, o bien reflexiones sobre la vida y la muerte".

Por su parte, los versos de 'Un día en el paraíso' son un renacer ante la vida y el universo circundante, que llevan a preguntarse -como lo hace el autor-: "Qué Cosmos es este, que hasta la flor más breve da perfume y nada hay tan pequeño que no haya sido engendrado entre esplendores; un Cosmos que se deja admirar y conocer (...)".

En mi vida

Por lo menos un instante
he sido ya todos los hombres:
he sido el agua, la sed, la desnudez, el llanto.

Llega un momento cada noche
en que ya sólo deseo algo blando
dónde rendirme y desaprender el Universo.

Anudando mis dispersos instantes de gozo
podría formarse una estación
plena de vendimia.

He visto a toda grandeza asumir
una mínima dimensión de lágrima
-ante una tumba-.

De la naturaleza humana he aprendido
que la pureza de un hombre hay que medirla
en su peso exacto de cristal y barro.

La sangre de mi cuerpo sabe
que nuestros dioses verdaderos son aquellos
a quienes ama nuestra carne.

El fondo de mi alma sabe
que no podemos aspirar a otra salvación
que a la de la tersura de una piel.

Y he de resignarme -a falta de un verbo
que conjugue al hombre en lo eterno-
a escribir estas efímeras palabras.

Una noche en la Vía Láctea
Carlos Framb
Planeta